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16

Dic

2008

La Vida es Sueño. Crítica de E. Centeno
Torso desnudo, belleza del patológico Segismundo, reflexiones con ataques y furiosos versos desde que empieza a vocear su “¡Hay mísero de mí!”. No es un lamento, sino una manifestación sin disolverse. Entre largos pilares, que a veces giran, muy plásticos entre sus luces, se representa la torre de su presión. Se va calmando al llegar Rosaura, aunque no se entiende muy bien lo que expresa ante su sorpresa.
Esos pilares pueden ser cualquier cosa, pero al director Juan Carlos Pérez de la Fuente le encanta la belleza. Forma figuras con los otros actores, también de desnudos torsos, a veces detenidos como estatuas que levantan con sus altos brazos a Segismundo, descendiéndole lentamente en una cruz invertida, como en un dulce tobogán. La buscada iluminación de los grupos esculturales permite contemplar la perfección y la belleza masculina. Para ello se ha contratado al bailarín y coreógrafo de danza contemporánea Chevi Muraday, que consigue imágenes en formas detenidas, para que los admiremos. Verdaderamente, asegura y lo consigue, con un deseo en el placer de que la vida es un sueño. Un rico escaparate de brillantes joyas engarzadas en un anillo de plata y oro. Hay algunos actores buenos, pero les ha convertido en soportes de paños de terciopelo. Ya, cerca de la Navidad, nos reímos con Clarín, uno de los tradicionales personajes a los que llamaron “graciosos” nuestros clásicos, pero que en este montaje hace muchas veces de mono, o de orangután saltando, y a quien ni Segismundo, ni el Rey, ni la bella Estrella del oriente o del este –Polonia-, son capaces de darle un plátano: hay varias injusticias en esta obra.
  
Este es el último espectáculo del Teatro Albéniz, comenzará su destrucción a partir del día 1 del 2009. Nos despedimos de él, donde la propia nueva compañía de la Comunidad ha representado, en Septiembre, esa obra llamada La puerta del Sol, que dirigió, igualmente, Pérez de la Fuente. Ambos montajes, el citado y el de hoy, han empleado una fortuna con la que podrían montarse una docena de obras dignas. La Comunidad de Madrid no cedió con la esperanza ni con el consejero de cultura a mantener esta tradicional y veterana sala, de quien depende. Se ha solicitado siempre su mantenimiento por parte de la profesión cultural, ateniéndose incluso a su valor arquitectónico. Pero será un edificio comercial, aquí, a cien metros de la Puerta del Sol. Nos quedaremos sin el teatro, a pesar de la lucha por su salvación. Negociantes, empresarios y ahora el gobierno, van cerrando, poco a poco, los teatros de nuestra ciudad: lo fueron, progresivamente, el Martín –allí, hace treinta años, fue estrenada La taberna fantástica, de Alfonso Sastre, que hoy se repone en el CDN-, el Benavente, el Fígaro, el Maravillas o el Arniches. Todo va llegando. Hasta cuando pasamos junto al teatro de la Comedia, tradicional sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, vemos que está cerrado hace una década, con el supuesto motivo de su reforma, aunque por ahí no asoma un solo trabajador. Mirad que vais a morir/ si está de Dios que muráis. Todos son más cristianos que el propio Calderón.
Enrique Centeno

Autor: Calderón de la Barca. (A.Víllora)
Intérpretes: Fernando Cayo, Ana Galeya,
Jesús Ruynán, Daniel Huarte, Josep Albert,
Chete Lera, Victoria dal Vea, Víctor Anciones,
Pedro Cuadrado, Josefa Gómez, Samuel Señas.
Vestuario: Javier Artiñano.
Escenografía: Rafael Garrigón.
Coreografía: Chevi Muraday.
Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente.
Teatro: Albéniz (4.12.2008).
 
texto: Enrique Centeno
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